Era domingo, salimos de casa con la baca del coche llena,
rumbo a Cabo de Gata. Llevábamos horas conduciendo, a pleno sol. Me coloqué los
auriculares y desconecté. La música me llenaba los pensamientos cuándo me
percaté de como mi padre y mi madre estaban riendo descontroladamente. Sobre
algo que ella tenía en su teléfono. Mi
padre desvió la mirada breves instantes de la carretera, los suficientes para
no poder dar el volantazo que nos hubiera salvado de aquel terrible accidente múltiple.
A partir de aquí no recuerdo nada hasta que me desperté en una cama de
hospital. Lo primero que vi fue a un par de médicos discutiendo. Su historia es
lo que os voy a contar. Ella estaba gritándole algo sobre su noche en un
congreso. Él no podía responderlo, parecía no tener argumentos. De repente ella
giró la cabeza y me vio. Le hizo un gesto que decía que su discusión
continuaría. Me inspeccionaron. Me sedaron y volví a dormirme. Cuando me
desperté los volví a ver a través de la ventana. Esta vez no se hablaban. Ella
le tendió un papel y él lo firmó. Otra vez ella me vio y volvió a sedarme. Una
vez más me desperté y allí estaban discutiendo de nuevo. Él gritaba más que
nunca y rompió los papeles del día anterior. Ella parecía agotada. Cuando él
los rompió ella calló de golpe y le tiró un anillo al suelo. A partir de ese
día no la volví a ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario